Una lágrima en la lluvia
Una brisa helada le apartaba a veces el flequillo oscuro. Enfundado en su gabardina negra, salió aquella mañana de casa temprano. Pensó en dar un paseo, pero inevitablemente sus pasos lo dirigían al lugar de siempre.
Comenzó a nevar del cielo encapotado. Sabía que no tendría mucho tiempo antes de la ventisca, así que apresuró el paso.
Algunos minutos después se encontró delante de aquella dichosa piedra. Su semblante se ensombrecía a medida que lo leía, con las manos crispadas en el interior de los bolsillos. De nuevo aquella sensación de vacío, de nostalgia, de dolor.
Notó pasos cerca. Una mujer, también vestida de negro, se había agachado a depositar una flor en la lápida contigua.
No era especialmente hermosa, y sin embargo despedía un suave halo de atracción. Completamente impasible, observaba su flor con penetrantes ojos color café.
Él volvió a mirar la inscripción. "Nathalie Hudson, veintidós años..."
- Es duro, ¿verdad? - susurró una voz dulce cerca de él.
Volteó la cabeza. La Mujer (que a juzgar por su voz parecía tener quince años) estaba junto a él, leyendo el grabado. El viento le azotaba el abundante cabello rojo oscuro. No dijo nada.
- La amabas, ¿no es cierto?
Él bajó la cabeza. Su sentido común le decía que eso no era asunto de esa mujer, y sin embargo asintió. Ella lo hizo a su vez.
- Claro que sí...
Permanecieron algunos minutos en silencio.
- Sé lo que sientes. Yo también te he echado mucho de menos.
Él sintió como si su corazón se detuviese unos instantes, con miles de puñales clavándose. Aquella voz...
Sin poder creerlo, miró de nuevo a la Mujer, quien ahora era Nathalie. Su piel sus ojos, su pelo castaño... Pero la imagen desapareció tan pronto como pestañeó. Y era de nuevo la Mujer. Ésta se volvió, afligida. Fingió ignorar sus lágrimas, sus ojos cerrados.
-Sabes que no puedo. No puedo ofrecerte más - los hombros de él se convulsionaron en un sollozo inaudible, y la Mujer también comenzó a llorar -. Son sólo recuerdos, no volverá.
Él abrió los ojos, empañados de lágrimas.
-¿Quién eres? - preguntó con voz ronca. Ella se acercó.
-Soy - contestó mientras le abrazaba - lo que tú quieras que sea.
Él respondió al abrazo, cerrando de nuevo los ojos. Y de la misma manera de la que el viento se lleva la arena de unas manos secas, se desvaneció dejando unas últimas palabras ensu oído.
"Me voy..."
* * *
No supo cuánto tiempo permaneció allí, de pie, ni la cantidad de gotas de agua que le golpearon. Simplemente, no sabía qué hacía en ese lugar. Tan sólo sentía dolor.
Caminó durante horas por la ciudad, sin rumbo fijo. Sin saber el por qué de ese sufrimiento, de ese vacío. Buscando la respuesta, alzó los ojos a la lluvia, fundida en sus lágrimas... inmóvil en la carretera.
Todo se volvió negro.
Ainara



Orima dijo
Es...es... precioso el relato, joussss que me pongo a llorar y todo, que bonito, eres la mejor... que guay que es... T_T quiero que escribas mas, que de sensaciones has despertado en mi T.T...
Saludos y un abrazo
Te quiero muxoooop
17 Agosto 2007 | 12:12 PM